Martes, Septiembre 07, 2010
   
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Prisciliano Gutiérrez

Hidalgo en la Independencia, la Reforma y la Revolución. Acontecimientos irrelevantes.

FAMILIA POLÍTICA

La historia es una sucesión de momentos, épocas, ciclos… en continuidad generacional.  Vínculo entre el presente y el pasado.  Es también interacción porque, en cierta medida, la vida de cada individuo está determinada por todos cuantos con él coinciden en el tiempo y en el espacio.  

El hombre es él y su circunstancia, decía Don José Ortega y Gasset.  El sujeto es libertad, albedrío, espíritu de trascendencia.  Su circunstancia (integrada por factores étnicos, geográficos, económicos, filosóficos, sociológicos…), es fatalidad, límite, paradigma…  La polaridad de los valores, hace que se afirmen en los antivalores que, formalmente, los niegan.  Ejemplo: Dios y el Diablo son enemigos (Bien vs. Mal).  Su lucha es perpetua.  Si uno lograra la desaparición del otro, sería suicidio.

La conceptualización del antes, el ahora y el después, requiere una perspectiva de totalidad.  La aprehensión (así, con h intermedia) simultánea de lo que fue, de lo que es y de lo que será, sólo se logra con la tranquila visión que da la distancia; en el sosiego del juicio crítico.  La grandeza de la montaña se aprecia mejor desde el valle y viceversa, decía Maquiavelo.

Visualizar la conjunción de dos momentos: conservación y creación, es condición para comprender el devenir histórico de México y de Hidalgo.  El espíritu conservador es enlace con el pretérito, con la tradición, con la evocación, a veces con la nostalgia.  La creación es fuerza dinámica que emerge y propicia el cambio.  El primero vive en la cultura prehispánica; en el mestizaje colonial, crisol de la Raza Cósmica de Vasconcelos; en el ímpetu del pensamiento independentista; en la fuerza del liberalismo, perfil de La Reforma y en los ideales de la primera gran Revolución del Siglo XX: la Mexicana.

Las celebraciones del Bicentenario de la Independencia y del Centenario de la Revolución; provocan en los provincianos, en los aldeanos, dentro del mundo global que nuestra circunstancia impone, evocaciones de protagonismo, al identificarnos con personajes que fueron actores en los escenarios que, a dos y un siglo, respectivamente, este año se reconstruyen, con patriótico orgullo, no exento, hay que admitirlo, de chovinismo.

En  el territorio de lo que hoy es Hidalgo, durante la Independencia, no se dieron heroicas batallas entre grandes ejércitos, pero las guerrillas, de nuestros paisanos fueron tan útiles a la causa como las campañas de Don Miguel Hidalgo, o de Don José María Morelos.  Las grandes epopeyas, se nutren de las pequeñas gestas.  La gran llamarada de los próceres, refulge, por contraste, ante la tenue luz de aquéllos que, en pueblos ignotos, pusieron su inteligencia y ofrendaron su vida, a cambio de una tumba anónima, a veces, del olvido.

¿Quién recuerda, por ejemplo, a los arrieros del Valle del Mezquital, que propagaron la noticia del levantamiento? ¿O a la guerrillera, Altagracia Mercado? ¿Cuántos, en Hidalgo y en México, estimamos en toda su dimensión a José María Correa y a José Antonio Magos, clérigos de Nopala y Huichapan, respectivamente?  Ellos intentaron unirse directamente a su colega, el Cura de Dolores, cuando la región era, ya, uno de los focos más activos de la insurgencia.

Las Historias de México e Hidalgo tienen capítulos que están en el olvido.  En ellas parece validarse un tristísimo silogismo: "Si no brillas, no eres".  En la actualidad, solo existe quien sale en la televisión.

Distante, borrosa y aún totalmente ignorada en las nuevas generaciones, está la figura de Juan José Osorno, un guerrillero que actuó en los llanos de Apan y en la región de Tulancingo, dedicado a incendiar haciendas, a robar ganado, a secuestrar españoles y a llevarse el impuesto sobre el pulque, en bien de la causa.  Sus escasos biógrafos le llaman: bandido, insurgente, realista y hacendado.  Un personaje de claroscuros.  Finalmente, como todos, hombre: ni ángel ni demonio.

De reivindicación reciente, es el importante hecho, acaecido en la casa conocida como "El Chapitel", en el jardín principal, frente al Palacio Municipal de Huichapan, balcón barroco donde Don Ignacio López Rayón, acompañado del creador del Juicio de Amparo, Don Andrés Quinta Roo y del activista local "Chito" Villagrán, celebraron, por primera ocasión, el "Grito de Independencia", el 16 de septiembre de 1812.

A Tulancingo llegaron, Nicolás Bravo y Guadalupe Victoria, el 29 de abril de 1821.  Días más tarde, arribarían a la minera Pachuca, como pioneros de una Independencia que se consumaría el 27 de septiembre de ese mismo año.  Su trascendental presencia es, absolutamente irrelevante en los patrios anales.  Lo mismo ocurre en crónicas de la Reforma y de la Intervención Francesa.  Dicen, por ejemplo, que, en Querétaro, muchas damas de alcurnia, aún se sienten orgullosas porque sus tatarabuelas, tuvieron el alto honor de custodiar la aristocrática bacinica de la emperatriz Carlota.  Aquí, casi nadie sabe que, un día 26 de agosto, y hasta el 2 de septiembre de 1865, Maximiliano de Habsburgo (Borbón y barbón), Emperador de México, llegó a Pachuca, Real del Monte y Tulancingo, sin pena y sin gloria.

Cuando las tropas francesas comenzaban a retirarse, grupos guerrilleros redoblaron esfuerzos para la recuperación del territorio nacional.  Menciono a tres hidalguenses: Nicolás Romero, nativo de Nopala, quien peleaba en Michoacán.  El coronel José María Pérez, derrotó a los franceses, en Casas Quemadas, cerca de Real del Monte y Antonio Reyes, "El Tordo" quien el 21 de mayo de 1866 tomó Huejutla y cuando eufórico gritaba: "¡Victoria! ¡Hemos vencido! ¡Viva Huejutla!" una bala asesina le arrancó la vida.  Ahí, donde cayó se erigió un monumento a su memoria y la ciudad, lleva su apellido.

Sin duda el hidalguense que más brilló durante la etapa armada de la Revolución Mexicana fue el internacional artillero, General Felipe Ángeles.  Como dato curioso se apunta que, por su culpa, pero sin su voluntad, Molango fue incendiado el 4 de diciembre de 1914 por el carrancista, Mariel Treviño, a consecuencia de la lucha de facciones.  La histórica, aunque ya superada, pugna entre Molango y Zacualtipán, por el origen de Ángeles, hizo pensar a algunos historiadores que aquélla bella población serrana se quemó injustamente, ya que el odiado villista, aseguraban falsamente, había nacido en Zacualtipán.

La emblemática figura del Constituyente Alfonso Cravioto Mejorada, poeta, escritor, político, orador parlamentario, miembro de la familia porfirista más poderosa de su tiempo, en este juarista territorio, además de sus innegables méritos en diferentes ramas del pensar, el hacer y el decir, post revolucionarios, destacó por su elevada condición humana.  El investigador pachuqueño, Luis Corrales Vivar, citando al escritor Gonzalo de la Parra comenta:

"A pesar de sus abundantes dineros, gastó en libros lo que valían los automóviles; en provechosos viajes los días de sueño y en cuadros y esculturas el parque de la escopeta deportiva.

Cravioto se salió de sus millones y se metió con resolución heroica en el estrecho y áspero círculo de los hombres útiles.  Cravioto estudió como si estuviera muerto de hambre; trabajó como si debiera la renta y sintió las angustias de las clases oprimidas, a pesar de mirarlas a través de los emplomados cristales de la opulencia…"

También fungió como Diputado en la famosa Vigésimo Sexta Legislatura, que no terminó su periodo porque fue disuelta a punta de bayoneta, por órdenes del usurpador, Victoriano Huerta.

Ante estos perfiles de Hidalgo y de los hidalguenses en la Historia de México, los niños y los jóvenes, no pueden ser víctimas de la enseñanza orientada hacia valores puramente pragmáticos.  Tiene qué enriquecerse el conocimiento de la historia, la filosofía, la literatura y otras disciplinas, exaltando los valores de nuestra patria chica, sin exclusión de la vida nacional ni de la convivencia internacional.  No se puede ni se debe ignorar la terrible sentencia de Lord Actón: "Los pueblos que se niegan a aprender de su historia, están condenados a repetirla".

 

La ética de los servidores públicos.

FAMILIA POLÍTICA

"El agua encharcada, para ocultar
que no es profunda, tiene que ser turbia".

Ignacio Ovalle Fernández.


Ignacio Ovalle Fernández, muy joven, fue secretario particular de Don Luis Echeverría y Secretario de la Presidencia.  Después, Director General de la extinta CONASUPO y Diputado Federal, entre otros importantes cargos.

Fue precisamente en la LVI Legislatura, donde coincidimos y trabajamos muy de cerca en la Comisión de Reglamentos y Prácticas Parlamentarias, junto con otros brillantes abogados y excelentes amigos, entre quines destacaron: Píndaro Urióstegui Miranda (Q.E.P.D.) y Jorge Moreno Collado.

Recuerdo que en alguna ocasión, aludiendo a su aspecto eternamente juvenil, le espeté a mansalva: - "Oye Nacho: yo era profesor rural y tú ya eras Secretario de Estado.  Los años no se te notan ¿Eres Dorian Gray? ¿Cuál es tu secreto?".  Sin inmutarse, con la seguridad que dan las muchas tablas, contestó: - "Es que vivo profundamente enamorado de mi esposa".  Al advertir mi cara de estupor, complementó: - "Me he casado cuatro veces".

Varios lustros después (el jueves 26, para ser precisos) a invitación de otro "ilustre" miembro de aquella bancada, Roberto Pedraza Martínez, todavía líder de la Cámara Local, nos reencontramos en el vestíbulo del Recinto Legislativo, espacio en el cual, Ovalle dictaba una conferencia en relación con el Título del presente artículo: La Ética de los Servidores Públicos.

Aunque llegué al inicio de la segunda parte, aprehendí que cada punto (abordado con brillantez y humildad, por el experto expositor) daría materia para muchos artículos y comentarios.  Comento algunos:

Carlos Marx, célebre autor de "El Capital", escribió también un pequeño libro, cuyo título es "El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte".  En él, vierte los peores conceptos, las más ofensivas críticas, jamás superadas, en contra de funcionarios y trabajadores pagados con el dinero del pueblo.  Según el barbado varón, no existe condición más abyecta en un individuo, que ser trabajador al servicio del Estado.

La actitud de prepotencia entre un funcionario y un particular suele ser recíproca, sobre todo cuando el primero no entiende que es siervo y el segundo sí sabe que es mandante.  Esto puede solucionarse mediante una transacción de tolerancia mutua que permita a ambos una percepción de alta estima en su interlocutor.  Hay que tomar en cuenta que, hasta en los seres de más baja calidad humana, subyace un poco de dignidad.

Ilustran lo anterior dos pasajes inmortales en páginas de la literatura universal.  El primero (no cronológicamente) en Los Miserables, de Víctor Hugo: El protagonista, Jean Valjean, malviviente, ladrón, escoria social… encuentra, por lástima, comida y refugio en una iglesia de París.  Admirado por tanta riqueza al interior del templo, decidió robar los candelabros de precioso metal y otros objetos de valor.  Al ser detenido por la policía y llevado ante la presencia de su benefactor, el bondadoso sacerdote (que los hay), dijo a los genízaros que no había robo alguno, sino un obsequio al menesteroso personaje a quien, injustamente, tachaban de ladrón.  Esta mentira piadosa, despertó la consciencia de aquél delincuente quien, a partir de ese suceso, decidió cambiar su historia.  Lo logró, con el tiempo se convirtió en un acaudalado hombre de negocios.

El segundo, en El Ingenioso Hidalgo, Don Quijote de la Mancha: Aldonza Lorenzo, fregona y mujer de todos en ínfima taberna, recibió al demente aventurero quien, en su locura, la percibió como una hermosa doncella (la más bella, la más casta, la más pura…).  A partir de entonces se llamó Dulcinea del Toboso, fuente sublime de inspiración en los altos ideales de El Caballero de la Triste Figura.  A las puertas de la muerte, Don Quijote recobró la lucidez.   Volvió a ser Alonso Quijano.  Ante su estado de cordura, Dulcinea perdió sus idealizadas cualidades; se mostró tal cual era, ante su platónico adorador.  Éste la rechazó con repugnancia.  Ella, desecha en llanto, rogaba a su Señor, que no la tratara mal; que no era Aldonza Lorenzo, sino Dulcinea del Toboso.

¿Cuántas veces, desde un sitial de autoridad confundimos al deber ser (cuyo trato merece todo el público), con el ser, que puede resultar grosero y desagradable?

En fin: Nacho Ovalle, con autoridad moral (tuvo muchos cargos de altísimo nivel en el Gobierno Federal y actualmente vive de sus conferencias),  ante Diputados y otros invitados, reconoció a Pedraza, por su sencillez y por la apertura del recinto, a las diferentes manifestaciones de la cultura.

Finalmente, invitó a reflexionar, frase por frase, la célebre expresión de Don Benito Juárez: "Bajo el sistema federativo, los funcionarios públicos no pueden disponer de las rentas sin responsabilidad; no pueden gobernar a impulsos de una voluntad caprichosa, sino con sujeción a las leyes; no pueden improvisar fortunas ni entregarse al ocio y a la disipación, sino consagrarse asiduamente al trabajo; disponiéndose a vivir en la honrada medianía que proporciona la retribución que la ley señala".

   

Una vida Tranquila

FAMILIA POLÍTICA

"Amo el amor de los marineros
que besan y se van.
Ellos se acuestan con la muerte
en el lecho del mar"


Pablo Neruda.

Últimamente ha tomado vigencia una frase que bien podría atribuirse al Filósofo de Güémez: "Se está muriendo gente que antes no se moría".  Si se juzga con superficialidad, la frase parece obvia, elemental, infantil, boba… Sin embargo, en el fondo denota lo efímero de nuestra existencia y la posibilidad única, irrepetible, de ver como se extinguen las generaciones para que la humanidad se renueve.
La muerte del Jefe, Don Jorge Rojo Lugo, dejó un hueco imposible de llenar en la política y en los afectos.  Un mes después, su hijo Javier, en plena juventud, también cumplió su prematura cita con la Parca, para golpear por segunda ocasión a esa mujer, ejemplo de virtudes maternales, fuente perpetua de amistad, sensibilidad, canto y poesía: nuestra querida Silvia García de Alba y a la familia toda.
También se fue Cayetano Lavalley Spargo, Arquitecto de Profesión, humanista, amante y promotor de la cultura, excepcional hombre y singular amigo.  Seguramente otros más, cuya existencia no se incluye en mis limitadas vivencias.
Todos los mensajes que acompañan a los muertos en su última partida repiten la invocación, el deseo, de quienes nos quedamos: "Descanse en Paz".  Confieso que aún no me resigno a admitir que mi casa paterna, allá en San Juan Solís esté vacía… El dolor, sin embargo, no impide la reflexión, la especulación laica de los que no hemos sido tocados por la gracia de la fe.  Como siempre, en ello, existen más preguntas que respuestas satisfactorias.
¿Para descansar en paz hay que morir? ¿No se puede, lograr en vida? ¿Vivir es, necesariamente, una sucesión de conflictos? ¿Qué es la paz? ¿La paz trae consigo, o es, la felicidad? ¿Sólo existe la paz en los sepulcros? ¿Son, el sufrimiento y el dolor, sensaciones que terminan junto con los signos vitales? ¿Después de la muerte, existen manifestaciones de vida? ¿El suicidio es un acto de cobardía, o de extrema valentía? ¿Tiene, la vida, una orientación teleológica, un fin predeterminado o es un camino hacia ninguna parte?...  En fin, en éste, como en otros temas, cada cabeza es un mundo.
Desde que el hombre adquiere consciencia de sí mismo, tiene miedo a la muerte, a lo desconocido.  Por eso ha creado tantos dioses y religiones en diferentes tiempos y lugares.
En la sociedad que nos toca, cada día crece no sólo el miedo a la muerte, sino el miedo a la vida.  Los cuarenta mil decesos que, oficialmente, se llevan, hasta ahora, en la guerra que el gobierno federal ha desatado contra la delincuencia organizada, permean en los medios como elementos generadores de miedos, al percibir lo que ocurre en otras entidades y saber que tarde o temprano ese mismo destino habrá de alcanzarnos en Hidalgo.
Por lo pronto, los temores, los terrores, están ahí: desempleo o inseguridad en la permanencia de la relación laboral; inquietud cuando se recibe una llamada amenazante, presuntamente de los zetas u otra organización, real o supuesta que exige dinero como seguro de vida; zozobra cuando telefónicamente, habla un familiar, detenido por la policía o retenido en la frontera, que pide ayuda para salir, en un planificado fraude, que la angustia impide detectar; crisis financieras en la familia por uso y abuso de las tarjetas de crédito cuyos intereses se comen a cualquiera; los embates de un fisco voraz que mes tras mes se nutre de la necesidad pública de comprar gasolina al precio que, unilateralmente fijen los órganos competentes del Estado…
En este orden (¿o desorden?) de ideas; ante una economía neoliberal, globalizada, ni los pocos beneficiarios pueden disfrutar tranquilamente de sus grandes fortunas.  Ahí está el ejemplo de Diego Fernández de Cevallos.
Vivir es luchar contra los miedos y la incertidumbre.    Una vida tranquila no existe.  ¿Se podrá en la muerte, descansar en paz?
Así sea.

   

La Guerra de las Falacias

FAMILIA POLÍTICA

"Los malos argumentos por razones
de forma y de contenido
son como las personas que se comportan
no sólo en forma grosera,
sino también inmoral".


Manuel Atienza.

Manuel Atienza es Profesor de Filosofía del Derecho en la Universidad de Alicante, España, y Director de la revista Doxa.  Actualmente se considera algo así como el "Gurú" en materia de argumentación jurídica.
Este artículo lleva por título, el de uno de sus libros más recientes (2004).  En él, incursiona, con éxito a mi juicio, en el género que su prologuista, Javier Muguerza, clasifica como "periodismo filosófico".  Es la compilación de sesenta y dos artículos periodísticos, en los cuales el autor, lógica en ristre, arremete en contra de igual número de falacias en relación con los temas públicos más variados que utilizan argumentos, a primera vista correctos, pero que, en realidad, no lo son.
En el magistral prólogo (el autor dice que es mejor que el libro), puede leerse: "Las falacias, los sofismas o los paralogismos - para servirnos de expresiones habitualmente, aún si no muy apropiadamente, consideradas como más o menos sinónimas - comparten en común, la condición de argumentos incorrectos, defectuosos y engañosos, es decir, argumentos de los que ya Aristóteles aseguraba que sólo tienen la "apariencia" de tales.  Pero ésa, su condición de argumentos aparentes los convierte en temibles fuentes de confusión…".  A continuación enumera, de manera ejemplificativa, que no limitativa, una serie de razonamientos que violan los principios del pensamiento sistematizado, sin perder su facha de verdades, pero que, de acuerdo con el propio Aristóteles, citado por el autor, son "como los metales que parecen preciosos sin serlo".
El ambiente político, es propicio para la gestación y proliferación de este tipo de mentiras con aspecto de verdades, sobre todo cuando se trata de sembrar dudas, denostar, calumniar, ofender a los adversarios, sean éstos, personas o instituciones…
Las generalizaciones superficiales.  Con buena dosis de mala fe, ilustran claramente, lo que aquí se asevera.  Es fácil e irresponsable decir que: "todos los políticos hidalguenses son corruptos"; "los ciudadanos están hartos de que un mismo partido los gobierne"; "estaríamos mejor si cualquier otro ciudadano (o ciudadana) nos gobernara; "Hidalgo ya necesita un cambio…"  
Es sencillo advertir, en cualquiera de los anteriores "argumentos", además de la generalización tramposa, la confusión convenenciera de identificar al todo con sus partes, o viceversa.  La conclusión sería: "todos los gobernantes actuales son malos.  Fulanito (o fulanita) de tal, son los únicos buenos, pero no los dejan llegar".  Algunos (a veces muchos) ingenuos lo creen, a pesar de las evidencias en contrario.
Las analogías improcedentes.  Consisten en la universalización de esquemas, sin tomar en consideración, las circunstancias particulares que cada escenario tiene.  Por ejemplo: "las coaliciones entre partidos de ideologías excluyentes siempre consiguen victorias electorales".  No se necesita gran dominio de la lógica para advertir la falsedad de la anterior conclusión, inferida de premisas fundamentadas en un pragmatismo transitorio y coyuntural, variable en el tiempo y en el espacio.  Las lealtades nunca son eternas; mucho menos si se sustentan en la ignorancia, la imitación extralógica o la oferta irreverente de paraísos ajenos a la cultura del esfuerzo.
El maestro Atienza en su declaración de guerra dice también: "Quien combate contra las falacias ha de hacerlo sin ninguna esperanza en la victoria final… ha de pensar que, en condiciones normales, los buenos argumentos derrotan a los malos, y a los que parecen buenos sin serlo".  También admite: "Ni con todos ni en todas las situaciones es posible argumentar…  Desde luego, no resulta posible hacerlo con el fanático, a quien ningún argumento conseguiría apear de sus posiciones, ni con el cínico, que defiende las suyas con argumentos que ni él mismo sería capaz de tomar en serio y tampoco hay lugar a argumentar en situaciones en las que prevalece el fanatismo… La santa desvergüenza".
El tema no se agota con el presente escrito.


   

Rojo Lugo: el hombre, el político, el amigo...

FAMILIA POLÍTICA

"Lo pasado, pasado...  No debemos
voltear los ojos hacia atrás
cuando tenemos todo un futuro por delante".

Jorge Rojo Lugo.

Lo vi por primera vez, lo escuché hablar en 1975, junto a Don Jesús Reyes Heroles, en el acto masivo de su toma de protesta como candidato al Gobierno del Estado.  Eran tiempos azarosos.  El Senado de la República, con fundamento en la Fracción V del artículo 76 de la Constitución General de la República, había declarado la desaparición de poderes en la entidad y el Congreso de la Unión, en consecuencia, designado al molanguense Raúl Lozano Ramírez, como provisional mandatario.
Atrás quedaban las actitudes de reto, las diatribas, que caracterizaban al ex Gobernador y ex Presidente del CEN del PRI, Don Manuel Sánchez Vite, en contra del Gobierno Federal, a cargo de su ex amigo y ex aliado en el control del magisterio nacional: Luis Echeverría Álvarez.
La sucesión presidencial estaba en puerta.  Mario Moya Palencia, Secretario de Gobernación se perfilaba como aspirante natural, viable, visible…  De manera frontal, el también oriundo de Molango, atacó sin cuartel al pretendido precandidato.  Ampliamente difundida fue la entrevista que Ángel Trinidad Ferreira, publicara en las páginas de Excelsior.  El "gallo" de Sánchez Vite era otro: Hugo Cervantes del Río, Secretario de la Presidencia (Finalmente la decisión favoreció al Secretario de Hacienda, José López Portillo).
La desaparición de poderes lastimó a Hidalgo.  Hay heridas que aún no cierran.  La presencia de miles de campesinos y obreros de otras entidades federativas; la visita de todo el gabinete federal para escuchar "agravios"; la turba enardecida que gritaba la irracional consigna ¡Muera Pinochet Miranda! y, finalmente, la toma violenta del palacio de gobierno y la satanización de un hombre bueno, humanista, médico altamente calificado: Otoniel Miranda Andrade.
Esto ocurrió hace treinta y cinco años.  Pese a ello, recuerdo con nitidez las palabras de Don Jesús, entonces Presidente del CEN del PRI: "Dar gran lanzada a moro muerto no es signo de caballerosidad".  La intención estaba clara.  Se iniciaba la "operación cicatriz".  Quién mejor para ello que un conciliador por excelencia; político experimentado a pesar de su juventud; afable, lleno de bonhomía y carisma: Jorge Rojo Lugo.
Las palabras que aparecen en el epígrafe, fueron pronunciadas el día que lo ungieron candidato.  Ese espíritu fue leit motif de su gobierno y actitud filosófica personal ante el mundo y ante la vida.  Por su imagen de político grande, se le mencionó tempranamente como presidenciable.
Gracias a Venancio Contreras Plata, su eterno secretario, pude penetrar en el círculo de sus amigos.  También con el aval de añejos afectos, que recíprocamente se tenían, con Don Gumercindo Rivera, padre de Rocío, mi esposa.  Así, en múltiples ocasiones compartí su mesa generosa, su amena compañía.
Colaboré con él en la redacción de sus informes de Gobierno y otros documentos importantes.  En las extenuantes jornadas de trabajo se entrelazaban momentos de identificación plena, en los cuales, el político dejaba traslucir al hombre, al amigo.
Era una delicia escucharlo pronunciar máximas jurídicas en Latín y advertir sus profundas reflexiones acerca de ellas y de otros temas clásicos, como universitario, abogado, amante de la cultura.
Su sentido del humor era proverbial, lo mismo cuando refería anécdotas propias, que al relatar las de sus amigos, como aquélla del epigramista Francisco Liguori, quien de improviso escribió en la servilleta de un restaurante, a propósito de la sucesión presidencial: "Ya te vas, López Mateos. / López Mateos, ya te vas.  / Se acabaron los paseos / ¡Oh!, paladín de la paz.  / Ya te vas, López Mateos / López Mateos, ya te vas / Y te vas haciendo feos / Pues hiciste a Díaz Ordaz".
Su conocimiento en materia de caballos era enciclopédico.  Podía pasarse las horas describiendo las características esenciales de cada raza; sus facultades, sus habilidades; su estampa, sus colores….  Su rostro, de facciones enérgicas, se iluminaba al hablar de "Gran Zar" y más recientemente, de Huizcazdá al revivir sus hazañas en el hipódromo.
Siendo Secretario de la Reforma Agraria, apadrinó la primera generación de técnicos, egresada del CECyT Número 276, de Actopan, cuya dirección estaba a mi cargo.  En un magnífico escenario, con la capilla abierta del convento, a su máxima capacidad, se deleitó con la Orquesta de Cámara de la Escuela Nacional Preparatoria y con el Grupo Coral del INBA que dirigía otro ilustre hidalguense: el maestro Ramón Noble.  Agudo observador, advirtió mi buena relación con los jóvenes: "Es Usted muy muchachero" me dijo, mientras pensaba en mi próximo destino, la Delegación Estatal del CREA, en acuerdo con quien sería y es, hasta la fecha, mi gran amiga, la política queretana Silvia Hernández.
Rojo Lugo fue un gran hacedor de hombres.  Silvia García de Alba, en su momento, su complemento.  Los miembros de mi generación y de otras, que somos servidores públicos, prácticamente todos, alguna vez recibimos el apoyo, el favor de su mano generosa.
Amigo de sus amigos, apreciaba la lealtad, por sobre todas las cosas, aunque en nombre de ella, algunos le causaron daño.
El hombre puede tener errores y defectos.  Pecados mortales y veniales.  Todos son perdonables; menos la ingratitud.
¡GRACIAS, JEFE ROJO, DESCANSE EN PAZ!

   

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