Martes, Septiembre 07, 2010
   
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Carlos Barra Moulain

De facebook y twitter

HOMO POLITICUS

Desde hace tres décadas que las telecomunicaciones han hecho posible que el mundo haya estrechado el conocimiento de sí, sin que con ello se hayan necesariamente estrechado las relaciones entre los seres humanos, cuestión que nos indica que comunicarse no significa intimar y comprender al otro y a lo otro, sino más bien una cadena infinita de pequeños roces sociales que evidencian la soledad en que se encuentran los individuos en sociedades posmodernas donde la atomización y la elevación de la megalomanía son las constantes. El epicentro de toda relación parece admitir al escenario mercado como el detonante de la articulación social, ello resulta lamentable porque la gratitud de la relación no tiene su sustento en disfrutar de la relación humana sino del escenario mercado que provee desde el escenario hasta la disposición de consumo como interpretación estereotipada de los que somos.

Desde esta perspectiva Giovanni Sartori nos había advertido de los peligros de una sociedad teledirigida, donde el hombre pierde consciencia de su rol histórico y se convierte en una realidad empujada por la información y no por la formación cultural, en ello estriba el verdadero peligro de la prostitución del consumo que se afianza a través de los mecanismos del mercado para hacernos ninguno, es decir, seres sin espacio vital y dependientes de lo fashion, de aquello que nos interconecta como productos del mercado y en ese momento nos vuelve prostituibles, somos capaces de traicionar casi cualquier cosa porque el consumo ha sustituido del valor de la persona humana; hemos mutado el orden social a través del mercado, consumimos para parecer personas y no somos personas que podemos consumir.

El mercado entendió como un espacio donde se enajenan bienes y servicios ha edificado necesidades, visualiza el abandono y ostracismo en el que nos encontramos y nos ofrece lo que hemos perdido, por ello no nos es ajeno que ahora establecemos relaciones a distancia mediática, pero ello no lo hacemos como una forma de explorar en lo humano, sino como prueba del impedimento de una sociedad impersonal, requerimos de una maquina sea esta teléfono, televisión, computadora para acceder al otro y a los otros, hemos perdido como señala Write Mills "la imaginación sociológica", leemos menos e imaginamos menos, el mundo se ha vuelto concreto, la abstracción es un proceso cuasi del inframundo por lo que nuestros hijos poco entienden de poesía, la literatura valió madre cuando se convirtió en libro vaquero, crepúsculo, fotonovela o revista de nota roja.

He descubierto a mi pesar que las redes sociales hacen que los hombres nos abandonemos, Facebook y Twitter entre otras más son la negación de la intimidad y de la relación cercana de los seres humanos, permiten esconder la personalidad y edifican castillos de hielo, escenarios pendejos en donde no mostramos ni el rostro, donde la inteligencia es sustituida por la frivolidad del momento y donde estamos a merced de la idiotez. Las redes sociales nos han vuelto títeres y hasta personajes públicos justifican sus acciones y nos comentas de su siguiente paso cómo sí en ello hubiese alguna virtud cuando su credibilidad es menos válida que brasier de travesti.
Nos hemos perdido pero no doctamente, la mayor parte de nosotros no encontramos una identidad propia, la sustituimos por el consumo, somos a partir de lo que tenemos y lo que tenemos lo arrojamos como distinción de estirpe, sustituimos nuestros sentimientos por la frivolidad de la apariencia y la apariencia es sólo eso un reflejo de lo que no somos y en donde nos encontramos seguros ante otros espejos que nos engañan tanto como nosotros lo hacemos con nosotros mismos.

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Yankee: go home

HOMO POLITICUS

La racionalidad es el atributo que según los griegos nos hacía diferente de los animales; ello implica que lo racional es independiente del "status animal" y por lo tanto no producto de su evolución. Tachamos de racional un acto cuando es positivo y cuando no lo es de irracional, parece aquí que la razón es axiológica y por lo tanto se define como un valor, lo cual hace doler la cabeza cuando un criminal se salva de ir al patíbulo porque sus actos son irracionales con negatividad social expresa y por tanto al negar la razón de la razón, el criminal es eximido del patíbulo porque la razón-tribunal enuncia que un incompetente mental no se acoge a la razón formal, por lo que un demente está libre del mundo racional al menos en el contenido de la razón social que también es afectiva y empática. Mientras tanto, no faltará quién señale que Hitler estaba loco, pero pocos acogerán a Hitler para que se hubiera salvado del patíbulo, en este caso la no razón-locura-desvirtuación se convierte en pena ante el genocidio y por lo tanto ni la demencia hubiera salvado a Hitler del patíbulo.

La razón esconde a la razón cuando el acto racionaliza lo que esconde, es como una cortina de humo que se tiende con razón pero para ocultar la razón; entonces Irak se desvirtúa de la razón, Sadam Hussein es un demente que atenta contra la razón y sí se quiere la razón máxima que es la existencia, aquí y con razón vale la pena matarlo porque de lo contrario atentaría contra la razón-existencia del todo, al menos esa fue la razón-hipótesis del gobierno de Busch, pero jamás se dijo que la razón para invadir Irak era la razón-petróleo, y racionalizar la guerra tuvo dos razones, una para la ciudadanía norteamericana y también hacia la mundial cuyo razonamiento era extinguir el peligro de que la razón-libertad, la razón-democracia, la razón-vida se extinguiera; en suma, la razón extinción debe extinguir la razón de quienes pretenden extinguir al mundo de occidente y, ello tengan o no armas de destrucción masiva. La segunda razón que en realidad siempre fue la razón-primera, estriba en la razón-petróleo, la razón-petróleo mutila la vida y abre los apetitos de los consorcios vinculados a esta industria y paralelos a ellos, la razón-petróleo para el gobierno norteamericano es la razón-ladrón-patriota.

Entonces la razón-invasión norteamericana se racionaliza, hay que matar para vivir, la vida se protege con la muerte de otros, la democracia se protege interviniendo en un país soberano, lo soberano se custodia violando la soberanía, la violación evita la violación y el genocidio evita el genocidio. Lo oscuro es lo que nos vuelve claros, lo claro se defiende con lo oscuro y lo oscuro esconde los intereses, se trata de una razón-creencia, lo que se cree penetra la mente y justifica el proceder, en el fondo es como señala Nozik: "La racionalidad nos dota de poder", entonces algunos justifican un acto infame en nombre de la racionalidad,  más vale que los niños de Irak mueran o queden mutilados a que un niño norteamericano lo haga, es decir, la razón-muerte es la razón-vida cuando se usa para vivir, es infame como aquel dicho "de que lloren en mi casa mejor que lloren en la suya", en ese momento entendemos a Foucault, cuando le teme a los estados punitivos, en el fondo la razón es el lobo del hombre y no el hombre lo es de sí mismo como lo señaló Hobbes.

Hoy podemos decir con razón, Yankee: go home, la razón es que el genocidio terminó- al menos momentáneamente-, pero la razón-partida es el control de la razón-petróleo ya que se encuentra en buenas manos, en manos ajenas aunque sin razón-patria, ya no le pertenece al pueblo de Irak, sólo a unos cuantos títeres que al margen de la razón o bien con la razón-bolsillo permitieron y auspiciaron la razón-invasión bajo una estela de muerte y podredumbre que no derriba la razón sino que la fortalece para aquellos que pueden utilizar la razón y racionalizar el análisis de un genocidio que insulta a la razón mundial.
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México lindo y querido

HOMO POLITICUS

Los festejos del bicentenario son una bandera política que hasta ahora no logra calar hondo en la conciencia y ni siquiera en el ánimo de los ciudadanos que festejarán "el grito de Dolores", con una herida profunda en un país quebrantado por la inseguridad que vive  y sin esperanza de que podamos disfrutar de la paz social que todo mundo exige y hasta ahora sólo puede anhelar. México lindo y dolido, esa es nuestra realidad y no la merecemos, no nos levantamos cada día del año y edificamos lo mismo en las fábricas o en el campo, en los hogares o en la oficinas, o desde el lugar que nos tocó desarrollarnos para construirnos el porvenir sin que anhelemos un país donde prive la igualdad social y que la igualdad se traduzca en oportunidades para todos al amparo de una calidad de vida donde lo mismo podamos pensar libremente que mirar a nuestros vecinos convencidos de que no rivalizamos, de que no nos enfrentamos en luchas fratricidas, que tenemos el derecho a la vida y a construir ese presente que como seres humanos requerimos para realizarnos.

De nada nos sirven los discursos halagüeños y las cifras locas de que todo se encuentra bajo control, lo mismo en la economía que en materia de educación o de seguridad; ello, se convierte en una estela de incertidumbre cuando la población no percibe en la realidad que los indicadores son hecho y no palabras, en ello estriba el ejercicio de gobierno saludable, allí donde la Constitución no es letra muerta, allí donde todo podemos llevar el pan a nuestra mesa e ir más allá, garantizar que nuestros ascendientes tendrán un futuro mejor que el que nosotros tuvimos, ello fundado en que le entregamos día con día al Estado nuestro esfuerzo desde el papel que nos tocó vivir. No podemos seguir viviendo sin que realmente se establezcan los compromisos sociales que la realidad no exige, quienes tienen que proceder no pueden desvirtuar su camino, México no puede ser tierra para el ostracismo y el abandono.

Hoy los migrantes ya no son asesinados, robados y vejados sólo por el Border Patrol, también sus propios coterráneos los han vuelto extraños, los han vejado y les han quitado el porvenir. La responsabilidad de edificar un país digno nos compete a todos, no puede ser posible que México no sea el país que brinde oportunidades a sus ciudadanos, existe la inteligencia, el corazón y el coraje necesario para no sólo utilizar los cojones sino la razón para crear ese escenario de realizaciones sociales; con mu máximo de honradez societal y un mínimo de orden nuestro trabajo puede ser la llave que nos permita sentirnos tranquilos allí donde la igualdad es pabellón.

¿Qué nos ha pasado?, ¿Qué siente el servidor público cuando engorda sus bolsillos a costa de la miseria de otros?, ¿Qué pasa por la conciencia, sí la tiene, de un legislador cuando disfruta de un salario que nunca un obrero o campesino que votó por él y lo hizo su mandatario llegará a percibir?, ¿Qué acaso nuestros servidores públicos son insensibles a la muerte y a lo pestilente de la miseria? El circulo se está cerrando, primero fueron los empresarios, después cualquiera que tuviera un patrimonio o que en la bolsa trajera un centavo, hoy son los políticos, lo mismo alcaldes que diputados, ¿Qué mierda nos pasa?
México lindo y dolido, te has convertido en tierra de nadie, ya ni el himno sabe a gloria el orgullo se ha vuelto egoísmo y la corrupción su piel, las cosas no están claras, pero algo es seguro, nos encontramos sobreviviendo ya no hay espacio para contemplaciones la ciudadanía debe elevar su voz, porque estamos enfrascados en el limbo, en tierra de nadie y ni los festejos del bicentenario habrán de evitar que nos lleve la chingada.
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A cien Días

HOMO POLITICUS

El pasado sábado se cumplieron 100 días del plagio de Diego Fernández de Ceballos, sin que hasta ahora haya nada claro y que el gobierno en turno se haya pronunciado al respecto,  lo cual ha tendido un velo de incertidumbre que incide en un pesimismo sobre el estado de salud que guarda el "Jefe Diego",  cosa que debería no sólo preocuparnos a los ciudadanos comunes, sino también a aquellos que engrosan la clase política y los cuales hasta ahora, salvo raras excepciones, no se han pronunciado por este lamentable hecho que parece ser parte de aquello que irremediablemente denominamos "lo cotidiano".
Fue el 14 de Mayo cuando se presentó el plagio de Diego Fernández, y han sido pocos los datos que han salido a la luz pública sobre el caso, cuestión que en apariencia se debe a que la familia del "Jefe Diego", ha pedido al Estado que no interfiera en las negociaciones, cosa no sólo paradójica sino también carente de sustento legal.
Sin embargo lo que hasta ahora hemos visto es que todo se encuentra en el más completo sigilo, lo cual debería tener preocupada a la ciudadanía y a la clase política, pero todo apunta a que prácticamente a nadie más que a la familia de Diego Fernández, parece importarle lo que sucede, como que sí se tratara de cualquier situación social y con el glamur de una familia adinerada y que goza de fama y fortuna.
Tal condición es realmente alarmante, porque quiere decir que sí a la clase política le preocupa poco o nada lo que le suceda a Diego Fernández, lo lógico es suponer que los ciudadanos comunes no importamos ni madres o un comino lo mismo da, por lo que ello no deja más pesar que lo anecdótico que  resulta un día más en la vida de un país sin alma.
El deterioro y descomposición social es tan evidente que no hacen falta ni sociólogos ni antropólogos para señalar las calamidades que sobrepasan la ficción y que tienen en jaque al Estado, al grado que apenas ahora, después de cuatro años de gestión de Felipe Calderón y 28 mil asesinados, el gobierno revisará el asunto del lavado de dinero.
Afortunadamente no se terminó el sexenio y los funcionarios se lavaron las manos con tantas calamidades que tienen en vilo al más pintado, y que nos recuerda que el trabajo hasta ahora realizado por la actual administración no resulta suficiente para estabilizar el devenir social y lo que es peor, no habrá de poder solucionas las cuestiones en materia de seguridad, porque lo que no se ha hecho desde que "el cambio" llegó a nuestras vidas, difícilmente se habrá de efectuar en lo que resta del sexenio. Lo eufemístico del evento estriba en que sí hemos tenido cambio, antes  estábamos en Guatemala, ahora, estamos en Guatepeor.
Pero parece que hay que ser poco menos que burros o mular y callarse el hocico o construir diálogos de sordos, ello debido a que se nos presenta al país como un paciente que se recupera de una enfermedad y luego nos enteramos que el diagnóstico es erróneo y que nos encontramos en agonía, cosa que sucede día con día y parece que lo común es estar en el limbo y padeciendo angustia y no que tales condiciones resulten coyunturales; la cosa está tan delicada que una mentada de madre es como comer barbacoa ante la miseria, la mierda y la desolación social en la que nos encontramos, y de la cual no podremos salir mientras la clase política no trabaje con la sociedad civil y se tracen estrategias, donde lo que sobre sea la inteligencia y la honestidad.
No podemos olvidar ni abandonar a su suerte a Diego Fernández, el ignorar lo sucedido y que la clase política haya dejado pasar tanto tiempo sin que en la palestra nacional se hayan tomado cartas en el asunto, no traerá más que desolación en un país donde lo que piden los ciudadanos es que se actúe con cordura, honestidad y atingencia para que "el cambio" que experimentemos no sea, en el mejor de los casos, un cambio de país, porque parece que es preferible cruzar a nado el Río Bravo y lidiar con los imbéciles del Border Patrol que lidiar con nuestra realidad.
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Amaos los unos a los Oteros

HOMO POLITICUS

Sí el sujeto humano está sujeto a ser humano, la contradicción es una canción de vida en el nosotros, somos blancos, negros, morenos, rojos, amarillos. No siempre es de día y no siempre es de noche, parece que lo diverso se impone como constante y lo constante estriba en ser inconstante. El universo está en desorden o guarda el orden evolutivo, por lo que cambia y vuelve a cambiar; nada es uniforme y los uniformes están en contra de lo que somos, usted no es igual que yo y el nosotros tampoco es el vosotros. Todo indica que la vida es un enigma pero por lo mismo debe ser abordada bajo las premisas del orden que la constituye, si lo constante es el cambio en ello estriba el sentido de la vida misma.
Sí existe una conducta que históricamente nos la han mostrado como congruente, abierta, tolerante y respetuosa sin duda alguna es la de Jesús Cristo; su conducta se desprendía del amor y no del odio, de la tolerancia y no de la intolerancia, del respeto y la congruencia en el decir y el hacer y no en la obsecuencia del acto.
Es más que evidente que emular la conducta de Jesús resulta sumamente difícil, porque es el comportamiento de lo divino y no de lo terreno, salvo cuando se habla de los ministros de su Iglesia, de ellos sólo puede esperarse aciertos divinos porque son el puente con Dios; de ellos sólo se puede esperar que sus vidas sean una réplica del amor de Dios en la tierra, los ministros de Dios son la pureza del alma, la verdad que ama, el espíritu de la resurrección y por lo tanto un ejemplo a seguir por los simples mortales.
Empero, es difícil entender la realidad social, cuando de quien se espera sólo virtudes, se experimentan canalladas y actos que ofenden la palabra de Dios, es inadmisible pensar que un ministro de Dios odie al ser humano, es inadmisible que se ofenda a Cristo.
Un ministro de Dios es como una madre con un hijo, no lo debe engañar porque al engañarlo se engaña a sí mismo; no se le puede odiar a un hijo porque proviene de las entrañas y de un acto del cual no es promotor, no se puede vulnerar a la verdad porque ella es la única realidad que nos lleva a la estabilidad societal; no se puede escupir a la tierra porque es nuestra madre, el espacio que nos ha dado todo; no se puede impartir la misa cuando se vulneran sus sacramentos, no se puede puede ser yunta cuando sólo se es buey.
Es positivo consentir y disentir, pero no levantar falso testimonio sobre nadie. Se debe honrar a los padres cuando éstos nos dieron un ejemplo digno; se debe amar al prójimo, pero primero debe amarse uno para brindar amor; se debe confiar en la ley cuando ésta ampara la igualdad y la desigualdad humana sin hacer distingos de quién es católico y quien no lo es, de quien es heterosexual y quien homosexual, quien es inteligente y quien no usa su inteligencia, de quien es honrado y quien es corrupto, de quien vive de su trabajo y quién vive del trabajo de otros.
Seguramente Cristo se vomitaría al observar cómo se ha enlodado y utilizado indebidamente su palabra en aquellos que ensucian al ser humano y la humanidad; seguramente Cristo daría al César lo que es del César y dejaría en manos de Dios lo que es de Dios, pero no insultaría al hombre, no sería capaz de ir en contra del "amaos los unos a los otros", porque ello implicaría negar la verdad de Dios.
El Cardenal Juan Sandoval Iñiguez es un ministro de Dios, no puede tratar a las personas homosexuales de "maricones y lesbianas", no puede insultar el culto que profesa con una intolerancia digna de los campos de concentración Nazi; no puede predicar la palabra de Dios cuando en su mesa sólo existen manjares, mientras millones de mexicanos y de seres humanos en el planeta mueren de hambre; no es digno tener un zoológico en su casa, mientras Cristo dejaba volar a las palomas; no es sensato estar en contra del hombre, cuando Dios sólo lo amó y lo ama; no es aceptable que el Papa Benedicto XVI haya reconocido que en su iglesia existen miles de casos de curas pederastas sin que hasta ahora veamos que la ley los castigue.
No podemos caminar odiando al otro porque al hacerlo nos odiamos a nosotros mismos. Hay que abrir la conciencia y defender a los vulnerables, hay que cambiar esta miserable realidad donde hasta un Cardenal se atreve a tirar la primera piedra, cuando en su propia casa-Iglesia se han cometido históricamente actos que hieren la razón. Quizá valdría la pena entender quién fue Cristo y no sólo usar su palabra y trastocar sus actos para ofender al prójimo.
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