Bicentenario: cuarto para las doce
Escrito por Luis Kaim Gebara Martes, 24 de Agosto de 2010 22:18
TERRAZA
El reloj del Bicentenario marca las doce menos cuarto. La hora llegó y nosotros no estamos listos. El gobierno mexicano tuvo tanto como cien años para preparar la fiesta; a marchas forzadas, fabricando excusas, se augura un carnaval de improvisaciones.
No exagero. Atiendo a la novedad del secretario Lujambio, quien ya avisó que si esperábamos ver listo el monumento Bicentenario para este Bicentenario, caímos en falsas expectativas; fuimos ilusos. ¿Imagina usted a Rivas Mercado diciéndole al General Porfirio Díaz, “excelencia, fíjese que la columna no va a estar lista para su cumpleaños”? Inimaginable. Pero no por el carácter dictatorial de aquellos tiempos, sino por un elemental sentido de responsabilidad histórica; de vergüenza política.
Debió ser particularmente difícil para el presidente Calderón, que sus subalternos le llegaran con la noticia que el monumento Bicentenario –como si se tratara de una reparación doméstica, o algún trabajo de fontanería- no iba a estar listo para la fecha acordada. Más aún, planear una estrategia para comunicarle a la ciudadanía que el polémico y costosísimo monumento –de poco menos de 400 millones, pasó a casi 700 millones de pesos- va a develarse, si bien le va a la patria, en 2011 o 2012. Tal vez por eso, por la inconsistencia argumentativa, la inverosímil irresponsabilidad, o la patética intención de hacernos creer que todo va de acuerdo a lo planeado, el organizador principal de los festejos –que se juzga a si mismo como precandidato presidencial- dio una explicación que me permito reproducir textualmente para no restar brillo con una paráfrasis, a la joya declarativa del Bicentenario. Aquí las excusas de Lujambio, para justificar que la “Estela de Luz”, o torre del Bicentenario, no esté lista en el año de las conmemoraciones:
“Es una pieza de una inédita complejidad constructiva, se cobró conciencia de garantizar la seguridad en su edificación y se mandó a hacer un estudio de prospectiva de ‘larguísimo plazo’, a 200 años, bajo el supuesto de un incremento sustancial de la densidad urbana en la zona y de fuertes vientos. Pasamos de 80 a mil 700 toneladas, lo que supuso cambios fundamentales, el diámetro de las columnas pasaron de 81 a 91 cm, así como el espesor de las paredes tuvimos que duplicarlo de 1.5 pulgadas a 3 pulgadas, el doble del espesor originalmente calculado. se trata de una obra de arte de inigualable belleza y no de un edificio común. Es una pieza única de la arquitectura mundial, es una obra sin precedentes, como obra de arte y como pieza de ingeniería. Estamos ante una estructura de 104 metros de alto y 9 de ancho, que será elaborada en una estructura de acero inoxidable que se ha comprado en Finlandia y que se está moldeando y forjando en tubos sobre los cuales se montarán 500 placas de cuarzo translúcido que sólo existe en Brasil y que se están laminando en Italia”
El célebre Mario Moreno jamás hubiese logrado tal escaramuza verbal. Debemos entender que la culpa la tienen finlandeses, brasileños, e italianos. Que el monumento es de magnificencia tal, que aún no puede develarse; que su belleza es incomparable al grado de la inexistencia. Como el traje nuevo del Emperador en el clásico infantil de Andersen.
Mientras tanto, los mexicanos envueltos en mezquindad deben evitar pensar que la obra simple y sencillamente no estuvo a tiempo por ineficacia, exceso de confianza, y opacidad en el gasto. Debemos agradecer la previsión de Lujambio para que el monumento resista los vientos del 2210, o que el costo se haya duplicado “responsablemente”. Hay que agradecer, en pocas palabras, que el monumento no exista; es por el bien de la patria, por su perdurabilidad. Hay que olvidar lo básico, y privarse del sentido común: el ícono del Bicentenario será el espacio vacío que deja un monumento que no estuvo a tiempo, reflejando la incapacidad, la indolencia, y la irresponsabilidad de los funcionarios de esta administración.
Pero no sólo es la “Estela de Luz” que no veremos, sino la canción que escucharemos como melodía oficial de las conmemoraciones y que ha generado más críticas que adhesiones. Se trata de la composición “El futuro es milenario”, con letra de Jaime López y música del cantante Aleks Syntek. De inicio, podría cuestionarse por qué pedir a Syntek la música del Bicentenario, considerando que sólo cubre un pequeño nicho de consumidores musicales ¿Por qué no apostar a un cantante representativo, icónico, o a varios de ellos?
La canción oficial del Bicentenario puede gustar o no, lo cierto es que se convirtió en un problema político para el titular de la SEP, y por ende para este gobierno. Lujambio presentó en conferencia de prensa la canción de Syntek, creyendo que capitalizaría políticamente un éxito en la radio; no calculó que en la red social Twitter, la melodía sería despedazada, que los medios impresos retomarían la información, que el propio cantante se retiraría de los reflectores ante la ola de críticas, y que –involuntariamente- la SEP quedaría sola para defender un jingle desdibujado e infantil.
Más allá de los gustos musicales o la pertinencia de la canción, me parece increíble que nadie en el equipo de Lujambio haya mantenido un monitoreo permanente, sistemático, de las reacciones que se generaron con la presentación de “El futuro es milenario”. Más aún, que no se haya tenido contacto con Aleks Syntek –contratado por el gobierno para esta empresa- para evitar que el músico abandonara Twitter, y desencadenara el interés de la prensa y la opinión pública. En estricto sentido, fue la intempestiva salida de Syntek, quejándose del ánimo de los mexicanos, lo que catalogó en la opinión pública a la canción del Bicentenario como un fracaso. El manejo de crisis fue terrible. Syntek tendrá publicidad, mientras Lujambio asume el costo político.
Probablemente por ello –en la misma semana debió “explicar” el retraso en el monumento, y soportar las críticas a la canción del Bicentenario- el secretario Alonso Lujambio reprochó el ánimo “de mezquindad” que priva entre mexicanos. De fondo, un precandidato presidencial sangra mediáticamente por la herida que le ha abierto el festejo patrio. De pedestal Bicentenario, a cadalso político. Ernesto Cordero tendrá allanado el camino, mientras el titular de la SEP carga con la responsabilidad de una fiesta, la más importante del siglo, que salió mal.
Luis Kaim Gebara es Director General de la empresa Estrategia y Comunicación.
Twitter: @lkaim