El combate a la pobreza
Escrito por Miguel Enrique Viernes, 09 de Octubre de 2009 23:00
Y SIN EMBARGO, SE MUEVE...
La mayoría de la población desconoce en su generalidad los términos económicos y se encuentra lejos del debate que recientemente se ha generado sobre uno de los temas presentados en la propuesta para el paquete económico de este 2010, entregado por Calderón a la Cámara de Diputados, el cual tiene que ver con un aumento de impuesto al 2% en todos aquellos que compremos bienes y servicios. Con dicho impuesto se impactará principalmente a las personas del nivel económico medio, ya que dicho impuesto pretende recaudar a través del consumo.
Parte de lo que se ha informado a la población es que dicho impuesto será designado al combate a la pobreza a través del incremento en un 50% en programas asistenciales, como son Oportunidades, y el cual ha demostrado tres cosas: la primera solo ser un paliativo para las familias puesto que no termina y no revierte la pobreza, al contrario nuestro país ha aumentado el número de pobres a más de 50 millones de personas que no tienen los recursos necesarios para cubrir sus necesidades básicas de alimentación y salud; la segunda es la dependencia que genera en las familias que lo reciben, ya que después de esta entrega económica que dura cierto tiempo, no existen otros apoyos que les permitan generar ingresos con que puedan revertir su condición de pobreza; y la tercera, a lo largo de 10 años de existir con ese nombre sólo ha sido medianamente eficaz, puesto que algunos de sus criterios son discriminatorios de ciertas condiciones de las familias a quienes están destinados y además no llega a todas las comunidades pobres del país.
Estas familias no saben de términos económicos, pero saben cómo es vivir día a día un país miserable teniendo que caminar cientos o miles de kilómetros para acarrear agua o para llegar a un Centro de Salud donde no hay medicamentos o personal para atenderlos; son esas personas que tienen que dejar a sus niñas/os lejos de su infancia y con manos encallecidas por tener que trabajar como jornaleros para poder medio comer, tal como lo retrata el documental Los Herederos, el cual deberían ver todos nuestros políticos porque con dicho documental podrían hacer un viaje que desconoce el país de la pobreza y de la falta de oportunidades: nuestro país.
No soy detractora de la recaudación, al contrario, yo pagaría más impuestos si éstos se destinaran a mejorar la infraestructura de las escuelas y no a mantener los lujos de las embajadas; los pagaría si estuvieran destinados a apoyar la investigación científica y no para sostener los privilegios de los altos mandos de las diversas secretarías de Estado y el IFE, además tan desacreditado; los pagaría sabiendo que están destinados a la cobertura total en salud y no para pagar los despilfarros de las/os diputados; los pagaría para que cada hombre y mujer joven tengan un lugar en las escuelas públicas con educación de calidad y no al mayor financiamiento de partidos políticos. Lo malo no es el aumento de los impuestos, sino de la opacidad de su destino.
Por supuesto que hay que combatir la pobreza, pero reasignando los recursos a través de la generación de empleos, impulsando el desarrollo local y regional a través de la reactivación del campo, de la industria lechera, etcétera, evitar los subejercicios, sobre todo los que tienen que ver con infraestructura.
No basta el discurso para erradicar la pobreza, por ello mientras esto sucede, no creo que aprobar este impuesto adicional sea la solución, sino garantizar una buena redistribución y transparencia de los recursos para no aparecer como en el último reporte de Desarrollo Humano de la ONU, en el que México aparece en el lugar 103 de 126, de los países donde hay una mayor brecha de ingresos de sus pobladores.
