RETRATOS HABLADOS
Escrito por Javier E. Peralta Jueves, 02 de Septiembre de 2010 22:36
* Dehesa, se murió en Día de Informe
Germán Dehesa murió el día de ayer.
Tenía cáncer.
Justo cuando Felipe Calderón rindió SU informe de gobierno, ante SUS espectadores, y habló de SUS logros en un país en el que no pasa una hora sin que se informe de nuevas matanzas a lo largo de su territorio.
Hombre de letras, poseedor de un profundo sentido del humor pese a la tragedia propia que vivía, y la que padecemos los mexicanos ante el temor y la zozobra, tenía la capacidad de mirar la realidad desde una óptica en que era posible entender la tristeza pero a partir del buen humor que nunca perdió.
“Cuestiones de amor” y “No basta ser padres”, son algunos de sus libros que, no soy nada novedoso en la recomendación, habría que leer como un mínimo homenaje al escritor.
Fue la suya una tarea cotidiana, de periodista, que se podía encontrar en su columna “Gaceta del Ángel” del matutino “Reforma”, hecha con la prisa propia del trabajo en periódicos, pero plena por hacernos saber de la visión que un hombre culto tenía del México que hoy lo ha visto morir.
Es posible que usted no haya compartido algunos de sus artículos, si está casado con al idea de que quien opine diferente a lo que tiene como verdades absolutas, es su enemigo. Sin embargo era fino para disentir de la creencia de las mayorías, y sobre todo parejo cuando se trataba de tundir con su pluma a políticos enajenados con su aparente poder.
Pareciera que cada uno de los personajes que admiramos desde la universidad se mueren, se van, se hacen de lado y dejan la idea de que no hay remedio para la nostalgia, la terrible idea de que la muerte es la solución para todo.
Dehesa fue un personaje único, igual que Monsiváis, porque conformaron el universo de los que miraron la posibilidad de un cambio en el país, y luego mejor se callaron la boca porque todo quedó en la incertidumbre.
No fue un literato de altos vuelos, pero sí la constancia cotidiana de buscarlo en las páginas del diario, porque era parte del batallón sin capitanes que esculca la vida para entenderla.
Por esa y muchas más razones, lo vamos a extrañar. Algunos, los más jóvenes, tal vez ni lo conozcan, y se pregunten, “¿pues quién fue, qué hacía?”.
La respuesta es simple: escribía y escribía bonito, se burlaba del mundo de los políticos y agarraba parejo, desde Calderón hasta López Obrador. No aceptaba verdades nadamás porque sí.
Y por eso, al menos para los que lo seguíamos en su columna del diario, con su muerte dijo de nuevo, “no les creo, no les creo nada”, a los que, como Calderón, en el día de su muerte, rindieron un informe, SU INFORME PARA SUS ESPECTADORES QUE QUISIERON CREERLE SUS COSAS.
Descanse en paz.
Mil gracias, hasta el próximo lunes.
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